Habla con nosotros

Cuando el silencio también es parte de la terapia

En síntesis: hablar ordena, nombra y permite mirar la propia experiencia desde otro lugar. Pero hay momentos en psicoterapia en los que explicar demasiado pronto interrumpe algo que apenas empieza a moverse. Después de una constelación familiar o de una sesión vivencial, permanecer un tiempo en silencio no es evitar: es darle a la experiencia el espacio para completarse.

No todo lo que necesita transformarse necesita ser entendido de inmediato.

Hay momentos en psicoterapia en los que hablar abre una puerta.

Poner en palabras lo que sentimos puede ordenar el caos, darle un nombre a aquello que nos habitaba en silencio y permitirnos mirar nuestra experiencia desde otro lugar.

Pero hay otros momentos en los que ocurre algo diferente.

Momentos en los que hablar demasiado pronto puede interrumpir un movimiento que apenas comienza a suceder dentro de nosotros.

Y entonces, paradójicamente, el silencio también puede ser terapéutico.

"Hablas cuando dejas de estar en paz con tus pensamientos."Kahlil Gibran, El Profeta

Hablas cuando dejas de estar en paz con tus pensamientos

La frase, en su idioma original, dice: "You talk when you cease to be at peace with your thoughts." Forma parte de El Profeta, en un pasaje en el que Gibran reflexiona sobre el hablar.

Más adelante utiliza una imagen que me resulta especialmente poderosa: compara el pensamiento con un pájaro que, dentro de una jaula de palabras, puede desplegar sus alas, pero no puede volar.

Quizás las palabras tengan precisamente esa doble posibilidad.

Pueden ayudarnos a comprender.

Pero también pueden encerrar demasiado pronto aquello que todavía necesita desplegarse.

Hay experiencias que todavía no tienen palabras

En psicoterapia existen momentos en los que no estamos trabajando solamente con aquello que podemos explicar.

A veces trabajamos con imágenes.

Con símbolos.

Con sensaciones corporales.

Con emociones que aparecen antes de que podamos comprenderlas.

La caja de arena es un ejemplo de ello.

Una persona puede construir una escena sin saber exactamente por qué coloca una figura allí, por qué otra queda lejos, por qué algo aparece en el centro o por qué, al terminar, siente algo que no sabe nombrar.

No siempre es necesario preguntar inmediatamente: "¿qué significa?".

A veces puede ser más respetuoso con el proceso preguntar: "¿qué pasa dentro de ti cuando simplemente lo miras?".

Y permanecer allí.

Sin apresurarnos.

Qué hacer después de una constelación familiar o una sesión vivencial

Algo parecido puede ocurrir después de una constelación familiar o de otras experiencias terapéuticas de carácter vivencial y simbólico.

Puede aparecer una imagen.

Una emoción.

Una sensación de alivio.

Una tristeza inesperada.

Una comprensión que todavía no sabemos explicar.

Y es natural querer contarlo. Interpretarlo. Buscarle un significado. Incluso pedirle a alguien que nos diga qué fue lo que ocurrió.

Pero quizás, en determinados momentos, sea más útil hacer algo mucho más sencillo: dejarlo estar.

No porque no sea importante.

Precisamente porque puede serlo.

Guardar silencio después de una experiencia significativa no significa ignorarla, ni negar lo que ocurrió, ni mucho menos que hablar no sea importante. Significa darle a la experiencia un espacio para continuar su recorrido.

Por eso puede ser útil que, después de determinados trabajos terapéuticos, una persona se permita unos días sin hablar demasiado de lo sucedido.

Observar.

Descansar.

Escribir, si lo necesita.

Estar atenta a sus sueños o a sus sensaciones.

Dejar que aparezcan nuevas asociaciones.

Y, sobre todo, no apresurarse a concluir.

Porque quizás algo ya está sucediendo, aunque todavía no podamos verlo con claridad.

El peligro de comprender demasiado rápido

Vivimos en una época que nos invita constantemente a explicar lo que nos pasa.

¿Por qué soy así?

¿Por qué reaccioné de esa manera?

¿Qué significa este sueño?

Queremos respuestas.

Y las respuestas pueden ser valiosas.

Pero existe una diferencia entre dar sentido a una experiencia y cerrar su significado demasiado pronto.

A veces, cuando encontramos rápidamente una explicación, dejamos de mirar.

Decimos: "ya entendí, esto significa esto".

Y quizá no.

Porque no todo conocimiento comienza en el pensamiento. A veces el cuerpo sabe antes que nosotros.

Un nudo en la garganta.

Un llanto que aparece sin una historia clara.

Una tranquilidad inesperada.

Algo se mueve, aunque todavía no podamos decir qué.

Y tal vez uno de los aprendizajes más profundos de un proceso terapéutico sea precisamente este: aprender a permanecer con aquello que todavía no comprendemos, sin exigirle una respuesta inmediata.

No se trata de hablar menos

Esta reflexión no es una invitación a callar.

La palabra tiene un enorme poder terapéutico.

Hay dolores que necesitan ser nombrados.

Historias que necesitan ser contadas.

Experiencias que durante mucho tiempo permanecieron sin palabras y que, al poder expresarse, finalmente encuentran un lugar.

Por eso la pregunta no es: ¿hablar o callar?

Quizás sea: ¿qué necesita este momento?

A veces necesitamos hablar para comprender, o para ser escuchados. Y otras veces necesitamos no hablar todavía, porque algo dentro de nosotros está encontrando su propia forma.

Dejar que el pájaro vuele

Tal vez eso era lo que Gibran intuía cuando hablaba del pensamiento como un pájaro.

Las palabras pueden darle forma a lo que pensamos.

Pero no todo pensamiento necesita convertirse inmediatamente en palabras.

Hay pensamientos que necesitan espacio.

Hay emociones que necesitan tiempo.

Hay experiencias que necesitan silencio.

Por eso, en determinados momentos de la terapia, el silencio no es vacío.

Puede ser espera.

Puede ser presencia.

Puede ser confianza en que algo está ocurriendo aunque todavía no sepamos nombrarlo.

En PoderVer, ampliar la mirada también significa aprender a mirar aquello que todavía no comprendemos.

Porque algunas transformaciones no comienzan cuando encontramos las palabras.

A veces comienzan mucho antes.

En ese instante silencioso en el que algo dentro de nosotros empieza, lentamente, a moverse.

Las sesiones y los talleres de PoderVer son conducidos por Zulma Gómez Salgado, psicóloga familiar sistémica con Matrícula Profesional COLPSIC Nº 311806, más de 20 años de experiencia clínica, maestría en Terapia Familiar Sistémica y formación complementaria en Barcelona y Londres. Atiende de forma presencial en Bogotá (Cra. 15 # 106-32) y en modalidad online para Colombia y el exterior. Más información en sobre nosotros.

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El próximo taller de constelaciones familiares en Bogotá es el sábado 21 de noviembre. Un espacio para mirar lo que sostiene los patrones que se repiten, sin apurar las explicaciones.

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